Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de noviembre de 2013

Cuento: "El descubrimiento de América"



Esta historia empieza con Albert, Lily  y   Magnus unos niños que, como ya sabéis,  descubrieron un  pasadizo que funciona como una máquina del tiempo.

Al padre de Lily le han comunicado que  su empresa se va a trasladar a Rusia, concretamente a Moscú. Cuando la madre de Lily  le dijo lo de su padre  entonces ella llamó por teléfono a Albert y Magnus y les dijo que se encontraran en la casa de Albert, en la villa. Cuando se reunieron, Lily les comunicó que se tenía que ir de la ciudad.

- ¿Qué haremos sin ti?- preguntó Magnus con cara triste.

- Yo tampoco sé lo que haré sin vosotros- respondió Lily.


Magnus y Albert estaban planeando otro viaje al pasado para despedirse de Lily. A Albert se le ocurrió una gran idea viajar ala  España de 1492 para ir de polizones en la “Santa María” que era donde viajaba Cristóbal Colón. Todo estaba planeado, sólo quedaba llamar a Lily y decírselo

Lily  se puso a saltar de alegría. Albert le dijo que saldrían para viajar con Colón el 5 de octubre y que fueran preparando la vestimenta, comida, papel para mantenerse en contacto con Merlín, linterna, la navaja Suiza de Magnus…

Ya ha llegado el día,  todos están impacientes.

- ¿Está todo listo? - preguntó Albert.

-  ¡Listo! –respondieron  Magnus y Lily.



Lily y Magnus han llegado al puerto de Palos de la Frontera, se han escondido dentro de un barril de vino que habían vaciado en la bodega del barco.



Ya en la bodega Lily y Magnus salieron del barril, claro está, antes confirmaron  que no había ningún hombre a la vista. Cuando salieron del barril se escondieron detrás de unos barriles de agua.



Pero el plan no les salió muy bien cuando el cocinero  que iba a por agua a la bodega para preparar el almuerzo,  movió el barril se encontró a Lily y Magnus. Los cogió del brazo y los llevó a la cubierta para que los viera  Colón.  En la cubierta Colón le pregunto a Lily y Magnus.

-¿Qué hacéis aquí?

 Se oyó un silencio hasta que Magnus se inventó una buenísima historia.

- Estamos aquí porque hemos ganado el premio juvenil de capitanes  y por eso decidimos colarnos en  vuestro barco para ser vuestros aprendices. A Colón se le puso la cara como un tomate y dijo:

-  Es un honor para mi teneros en mi barco, ¿Queréis algo de comer

- Sí,  unas patatas fritas, por favor- respondió Magnus.

- ¿Eso qué es?-preguntó Colón.

- Perdón, no sé que he dicho. Prefiero pan con queso-respondió Magnus.

-¡Qué poco te ha faltado Magnus!- dijo Lily. Ésta se puso a escribir una nota para Albert, quien seguía en casa pendiente se sus mensajes.


¿EN ESTA ÉPOCA CONOCÍAN LAS PATATAS? ¿POR QUÉ A LOS NMARINEROS SE LE CAEN LOS DIENTES?


-TIERRAAAAAAAAAAAA- gritó Rodrigo De Triana. Magnus y Lily se pusieron a dar saltos como locos porque tanto barco se les estaba subiendo a la cabeza. Colón le dijo a Lily y Magnus que mañana irían a explorar la nueva tierra y que fueran a dormir a sus camarotes. En la ventana del camarote se oyó un  ruido, era Merlín.  Albert había contestado:



No se conocían las patatas, las trajeron de América.

El escorbuto es una enfermedad que hace que se te caigan los dientes y se te INFLAMEn las encías.



Lily le dijo a Magnus que ya tenían que regresar.

- ¿Pero cómo lo vamos a hacer? Estamos en medio del mar.

 A Lily se ocurrió coger la madera de los barriles y   así construir una balsa.

- ¡ Manos a la obra!

-¡Ya hemos terminado!- dijo Magnus-  Vamos a tirarla al mar.



Cuando llegaron  a Palos sólo les queda entrar en el túnel para regresar al presente.

- Contadme lo que ha pasado.

- Lo siento, Albert, pero se me ha ido el día y tengo que preparar la maleta para irme a Moscú, adiós- dijo Lily.



Ya llegó el día en el que  Lily se va a Moscú y todos sus amigos se han despedido de ella.  Albert y Magnus  le han dicho que seguirán en contacto por el Whassapp y el  Skipe. Luego le dieron un gran abrazo.

Lily se montó en el coche de su padre y partieron al aeropuerto.



 MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA- 6ºC

sábado, 16 de junio de 2012

Un cuento para Almodóvar

                         EL DIVORCIO DEL TÍO PERICO

Un rey y una reina de un rico país vivían la mar de preocupados porque tenían un hijo al que todos llamaban el príncipe desmemoriado. Tanta era su preocupación que decidieron consultar a Juan Grillo el adivino. Lo llamaron y cuando llegó a palacio el rey le dijo:
- Señor Juan, he sabido que usted  adivina dónde están todas las cosas que se pierden. Mi hijo ha perdido el medio anillito que llevaba el medio pollito para el divorcio del tío Perico.
Entonces, Juan Grillo empezó a dárselas de adivino:
- Nubes altas, nubes bajas ¿dónde estará esa alhaja?   
        Y al momento dijo:
-Para encontrar el medio anillito que lleva el medio pollito, el príncipe debe llegar hasta el castillo de irás y no volverás.
        El rey muy preocupado, se despidió del príncipe y le entregó para el viaje: una lanza, un caballo y un mastín.
El príncipe desmemoriado comenzó su viaje y mientras atravesaba un pueblo, vio mucha gente alrededor de un zurrón del que salía esta cancioncilla:

- En un zurrón voy metido,       
 en un zurrón moriré,
 por culpa de un canastito,
 que en la fuente me dejé.

El zurrón pertenecía a un monito.  El príncipe le pidió el zurrón y como el mono no se lo quiso dar, se puso a canturrear:
- Rabia, rabiña que tengo una dorada fusta y nadie me asusta.
El mono se encaprichó de la lanza que reflejaba con tonos dorado los rayos del sol y cambió el zurrón por la dorada lanza. Cuando el príncipe abrió el zurrón salió un hombrecillo muy pequeño
- ¿Eres tú el bicho hombre?- preguntó el príncipe.
- No, yo soy un niño y me  llamo Garbancito. Quiero volver a casa con mis padres, pero antes te acompañaré en tu viaje. Llévame contigo.

El monito se alejó mientras canturreaba:    
-  Por un rabo una cuchilla,
    por la cuchilla un pescado;
    por el pescado cien panes,
    por los panes un niño,
    por el niño una lanza…

- ¡Qué mono tan caprichoso!- dijo Garbancito- que a continuación, se montó entre las orejas del caballo para continuar el viaje.
Iban caminando por un bosque y se encontraron cuatro animales: un león, un águila, un galgo  y una hormiga.
- ¡Buenas tardes amigos! ¿qué os pasa? ¿por qué estáis peleando?- Preguntó el príncipe.
- Porque nos hemos encontrado un borrego y no nos ponemos  de acuerdo con la partición- contestó el león- ¿Puedes ayudarnos?
- ¡Cómo no! - dijo el príncipe-. Para ti, león, la carne. Para ti, galgo, los huesos. Para ti, águila, las tripas. Y para ti, hormiguita, la cabeza.
Quedaron conformes, y para agradecérselo, cada animal le entregó una cosa al príncipe:
- Yo te doy un pelo de mi melena- dijo el león-. Y cuando lo necesites, dices: “¡Yo león!”, y ninguna fiera del mundo te podrá ganar.
- Yo te regalo  “el sombrero de póntelo y no te ven”- dijo el galgo.
- Y yo “el barquito que lleva por doquier”- dijo el águila.
- Pues yo, te ofrezco “la bolsita de oro que nunca acabaré”-dijo la hormiga.

        Tras despedirse de los animales, el príncipe y Garbancito continuaron el viaje en busca del medio anillito.
Al día siguiente se cruzaron por el camino con un muchacho que llevaba  un gallo al hombro.
- ¡Hola!- le dijo el príncipe- ¿Qué te pasa muchacho que te veo tan triste?
- Mi padre acaba de morir y como era tan pobre, a mis dos hermanos y a mí, nos ha dejado tres cositas de nada. A mí me ha correspondido este gallo. ¿Y vosotros hacia dónde os encamináis?
-Buscamos el castillo de irás y no volverás.
- Coge por este camino y no lo pierdas. Llegarás al castillo que está custodiado por dos leones. Si tienen los ojos abiertos, es que duermen; si los tienen cerrados, están despiertos. Ten cuidado no te equivoques.
- Gracias, por tu ayuda. Toma esta bolsa con la que nunca más te faltará nada.
- Yo a cambio, te regalo mi gallo, se llama Kirico- dijo el muchacho- Y tras esto se despidieron.
Cuando llegaron al castillo, vieron que estaba rodeado por un foso y el puente levadizo estaba levantado.
- Es el momento de utilizar el  barquito, regalo del águila- dijo Garbancito- que seguía subido entre las orejas del caballo.
Una vez subidos al barco cruzaron el foso. Pero como el castillo tenía la puerta cerrada, el príncipe decidió escalar por una gran planta  de penca en penca, de flor en flor. Y  de este modo, de penca en penca, de flor en flor… logró entrar en una habitación donde dormían dos gigantes.  Al fondo de la habitación había una puerta cerrada con siete candados. Para distraer a los gigantes, Garbancito y el príncipe idearon un plan: se acercaron a los gigantes que tenían los ojos abiertos y poniéndose el “sombrero de póntelo y no te ven”, empezaron a dar tirones de la manta que los cubría.
-    Giganta, giganta, no tires de la manta- dijo uno de los gigantes.
-    Gigantito,  gigantito, déjame dormir un poquito.

        El príncipe y Garbancito siguieron molestándolos  y se volvió a oír.
- Giganta, giganta, no tires de la manta.
- Gigantito,  gigantito, déjame dormir un poquito.
Y continuaron diciendo:
- Giganta, giganta, no tires de la manta.
- Gigantito,  gigantito, déjame dormir un poquito.

Llegó un momento en que los dos gigantes estaban tan enfadados que empezaron a pegarse entre sí y tal paliza se dieron que se quedaron tirados en el suelo.

El príncipe cogió las llaves que estaban colgadas al lado de la puerta y empezaron a abrir los candados. Como tenían poco tiempo, decidieron coger un hacha de oro que encontraron, para romper los candados con facilidad.
Al entrar en la sala se encontraron al medio pollito encerrado en una media jaulita vigilado por la bruja Curuja.
- ¿Cómo has podido llegar hasta aquí? No te atrevas a despertar al bello durmiente. Faltan pocas horas para que comience  la noche de San Juan. Estoy esperando para que cuando se despierte se enamore de mí. Entonces utilizaremos el medio anillito para casarnos.
Desde el balcón se escuchó:
- Ésta es la noche lunera
de nuestro patrón San Juan
hay un príncipe durmiente
que en ella despertará.
La niña que esté a su lado
con él se ha de casar.

El príncipe desmemoriado decidió ayudar a la joven que tan tristemente entonaba esa canción y al grito de: “Yo león”, se convirtió en una fiera que echó de allí a Curuja.
La bruja al verse en peligro le dijo al príncipe:
- Déjame ir y serás feliz.
La bruja deshizo el hechizo que lo tenía desmemoriado y el príncipe la obligó a abandonar el castillo y a no volver jamás.
- Garbancito, cojamos al medio pollito y regresemos a casa- dijo el príncipe- Pero como éste no aparecía por ningún lado:
- ¡¡¡Gargancitoooooooo!!! ¿Dónde estás?
-  ¡¡Estoy en el medio culito del medio pollito!!
El príncipe, Garbancito y el medio pollito intentaron salir del castillo, pero como la puerta estaba cerrada, dijo el medio pollito:
- Ábrete avellana, ábrete tarambana.
Y por arte de birli birloque, se abrieron las puertas y pudieron salir.

Tardaron dos días en llegar al palacio del príncipe. Justo antes de llegar, el gallo  se manchó el pico al comer unos granos del suelo. Se acercó al río y le dijo al agua:
- Agua, agüita, límpiame el pico que voy al divorcio del tío Perico.
Pero el agua no quiso.
- Caballo, bébete el agua que no quiere limpiarme el pico para ir al divorcio del tío Perico.
Y como nadie le limpió el pico, el gallo Kirico no pudo asistir al divorcio del tío Perico que se realizó gracias al medio anillito que llevaba el medio pollito en su medio culito.

Y colorín  colorado este cuento tan enrollado se ha acabado.

                                                                            
Este cuento es fruto del trabajo en equipo, de la cooperación entre los alumnos y alumnas de cuarto C.
Con este cuento queremos rendir un homenaje a nuestros padres y abuelos que con sus historias  hicieron crecer nuestra imaginación y creatividad.

jueves, 19 de abril de 2012

Alí Babá y l@s 40 ladron@s

Alí babá era honesto y humilde; tenía una buena mujer: Luz de la noche. Su hermano Kassim era deshonesto y malvado. Un día que estaba en el bosque oyó un ruido atronador.
Asustado trepó a un árbol, viendo 40 jinetes cabalgando, cada uno con una bolsa llena de oro. ¡Eran ladrones! Y al llegar frente a una gran roca, el jefe gritó: “¡Ábrete sésamo!”. Se oyó un trueno y la roca se abrió como por encanto. ¡Increíble!
Los ladrones entraron y ya dentro, el jefe gritó: “¡Ciérrate sésamo!”. Y la roca se cerró. Era su guarida. Al rato salieron, la roca se cerró y los ladrones se alejaron a todo galope. Alí 8abá bajó del árbol y, frente a la roca, gritó: “¡Ábrete sésamo!”, Y se abrió. Raudo entró, hallando un fabuloso tesoro. “¡Ciérrate sésamo!”Dijo, recogiendo una gran cantidad de monedas y rubíes; asegurando su vida por mucho tiempo. Ya en casa su mujer saltó de alegría, acordando guardar el peligroso secreto. Iban a pesar el oro, teniendo la mala idea de pedir la balanza a Kassim. La mujer de éste sospechó y se lo dijo a su marido, quien obligó a Alí 8abá a contárselo todo. Kassim corrió a la cueva y, luego de gritar los «sésamos» ingresó a ella, estando muchas horas recolectando su propio tesoro.

Pero, al querer salir, olvidó las palabras mágicas; siendo sorprendido por los ladrones, que no dudaron en matarlo. Alí Babá lloró al ver a Kassim muerto. Lo llevó al pueblo para sepultarlo, pagándole al enterrador para que no dijera nada. Al volver, los ladrones repararon que el cadáver ya no estaba, por lo que decidieron buscar a Alí Babá. Uno de ellos amenazó al enterrador, quien prometió llevarlo a la casa de este. Para ubicar el lugar marcó la puerta con ceniza. Pero Luz de la noche, que lo había visto, pintó todas las casas del vecindario.

Burlado, el jefe montó en cólera, matando al torpe ladrón. El mismo jefe halló la casa y trazó su plan. Entraría como falso vendedor de aceite, con 38 tinajas: allí irían sus ladrones.

La noche fijada llegó a casa de Alí Babá pidiendo posada. Alí aceptó. Cuando todos dormían Luz de la noche despertó: - Necesito aceite para tres lámparas, -pensó- veré en las tinajas.

Tomó un pesado cucharón, abrió la primera tinaja y un ladrón asomó. Ella le dio un cucharonazo. Así pasó con los otros. Furiosa despertó al jefe, a quien también le hizo lo mismo.

Alí Babá llegó asustado. Se había salvado gracias a Luz de la noche. A partir de entonces, fueron felices toda la vida.
 Fin

Actividades:
____Cuaderno digital.
____Colorea a Alí Babá
____Colorea a un ladrón.

jueves, 12 de abril de 2012

JUAN Y LAS HABAS MÁGICAS

Érase una vez una viuda que vivía en una casita en el campo con su hijo Juan. Eran muy pobres y su trabajo consistía en vender la leche y la mantequilla que les daba una vaca llamada Linda. Pero hubo un día que Linda no tenía más leche.
    - Tendremos que venderla para sacar un poco de dinero, y poder comprar algo de comida – dijo la madre.
    - Yo venderé la vaca a un buen precio – dijo Juan.
    Al día siguiente, Juan se llevó a Linda para venderla en el pueblo, y se cruzó en el camino con un extraño viejecito que le habló así:

    - Buenos días, joven. ¿Me equivoco o vas a vender esa hermosa vaca?.
    - No se equivoca, buen hombre – contestó Juan.
    - Yo quiero comprarla y, además, te daré cinco judías mágicas. Si las plantas por la noche, al día siguiente habrán crecido tanto que llegarán hasta el cielo.
    A Juan le encantó la idea, de modo que cambió la vaca por las judías y se fue a su casa.
    - Mira mamá, he traído unas judías mágicas que he cambiado por la vaca.
    - Pero ¿qué has hecho? ¡Cómo van a ser mágicas! Ya estás con tus fantasías.
    Y, enfadada, la madre de Juan tiró las judías por la ventana.
    Cuando despertó al día siguiente vio algo maravilloso: las judías eran mágicas de verdad y una de ellas había crecido hasta perderse en las nubes. Juan subió y subió por la judía hasta encontrarse en un país extraño. Echó a andar y poco después le salió al paso una dama muy hermosa que le preguntó por su madre y le dijo:
- Soy un hada y fui madrina de tu padre quien era un hombre excelente con mucho dinero. Un mal amigo, un gigante, le robó todos sus bienes. Yo no pude ayudarle, pero te voy a ayudar a ti a recuperar lo que era vuestro. Él vive cerca de aquí, sigue por este camino y cuando llegues a su casa actúa con cuidado.
El hada desapareció y Juan siguió andando. Un camino  le llevó a una casa en la que había una señora.
    - Amable señora, ¿ podría darme algo de comer?.
    - ¡ Tienes que marcharte porque aquí vive un ogro que se come a los niños como tú!.
    - Bueno, pues me arriesgaré – dijo Juan -. Me gustaría verlo.
    Y la mujer le preparó una tostada con mermelada y mantequilla, un vaso de leche y un pastel.
    De pronto, el suelo retumbó: ¡PLAM, PLAM, PLAM!.
    - ¡Es mi marido, rápido, escóndete en el radiador!.
    - ¿Aún no está listo mi desayuno, mujer? – gritó el ogro -. Pero ¿qué es ese olorcillo que me viene a la nariz? ¡Huelo a carne fresca de jovencito!
    - Te confundes, querido – dijo la mujer -. Lo que pasa es que estoy haciendo sopa con los huesos del niño que comiste ayer. Cómete esta comida tan rica.
    Y le puso en la mesa jamones, pollo asado y huevos.
Entonces el ogro se comió la comida y se quedó dormido encima de la mesa dejando una gallina que ponía un huevo de oro cada vez que él se lo mandaba. Esperó el niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó a las ramas de las habichuelas, y descolgándose, tocó el suelo y entró en la cabaña.
La madre se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro, y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió y Juan tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del gigante. Se escondió tras una cortina y pudo observar cómo el dueño del castillo iba contando monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero.
En cuanto se durmió el gigante, salió Juan y, recogiendo el talego de oro, echó a correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo. Sin embargo, llegó un día en que el bolsón de cuero del dinero quedó completamente vacío.
Se trepó Juan por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalándolas hasta llegar a la cima. Entonces vio al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa, dejaba caer una moneda de oro. Cuando el gigante salió de la estancia, cogió el niño la cajita prodigiosa y se la guardó. Desde su escondite vio Juan que el gigante se tumbaba en un sofá, y un arpa, ¡oh maravilla!, tocaba sola una delicada música, sin que mano alguna pulsara sus cuerdas. El gigante, mientras escuchaba aquella melodía, fue cayendo en el sueño poco a poco.
Apenas le vio así, Juan cogió el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada y, al ser tomada por Juan, empezó a gritar:
-Eh, señor amo, despierte usted, ¡que me roban!
Se despertó sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos acusadores:
-Señor amo, ¡que me roban!
Viendo lo que ocurría, el gigante salió en persecución de Juan. Resonaban a espaldas del niño pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas, empezaba a bajar. Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que también el gigante descendía hacia él.
No había tiempo que perder, y así que gritó Juan a su madre, que estaba en casa preparando la comida:
-¡Madre, tráigame el hacha en seguida, que me persigue el gigante!
Acudió la madre con el hacha, y Juan, de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Juan y su madre vivieron felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro.
                                                                                            Hans Christian Andersen
                                                              

                                                                              

LAS HABICHUELAS MÁGICAS

Juan vivía con su madre en el campo. Un día, mientras Juan paseaba, se encontró un paquetito debajo de un árbol. Miró dentro del paquetito y vio que en él sólo había unas pequeñas semillas redondas; entonces, Juan se guardó las semillas en el bolsillo y se fue muy contento a su casa.

Juan plantó las semillas en el jardín de su casa y se fue a la cama porque estaba muy cansado. A la mañana siguiente, Juan descubrió que, de las semillas, habían crecido raíces y tallos tan largos que se perdían en las nubes. Juan trepó por uno de los tallos y al llegar arriba, vio un castillo.

Juan se acercó al castillo y entró con mucho cuidado. Dentro del castillo, sentado en un sillón, vio a un gigante que roncaba sin parar, con un montón de monedas de oro a sus pies.

Juan se acercó al gigante de puntillas y se llenó los bolsillos de monedas. Pero, de pronto, él gigante despertó y, dando un rugido, intentó atrapar a Juan.

Juan corrió hasta el tallo de las habichuelas mágicas, descendió por la planta y, cuando llegó al suelo, con un hacha cortó el tallo para que el gigante no pudiera bajar.

Juan y su madre vivieron muy felices desde entonces con las monedas de oro del gigante.

                                                                                                                                 HERMANOS GRIMM

domingo, 1 de mayo de 2011

El pequeño bosque junto al mar

Había una vez un pequeño poblado separado del mar y sus grandes acantilados por un bosque. Aquel bosque era la mejor defensa del pueblo contra las tormentas y las furias del mar, tan feroces en toda la comarca, que sólo allí era posible vivir. Pero el bosque estaba constantemente en peligro, pues un pequeño grupo de seres malvados acudía cada noche a talar algunos de aquellos fuertes árboles. Los habitantes del poblado nada podían hacer para impedir aquella tala, así que se veían obligados a plantar constantemente nuevos árboles que pudieran sustituir a los que habían sido cortados.
Durante generaciones aquella fue la vida de los plantadores de árboles. Los padres enseñaban a los hijos y éstos, desde muy pequeños, dedicaban cada rato de tiempo libre a plantar nuevos árboles. Cada familia era responsable de repoblar una zona señalada desde tiempo inmemorial, y el fallo de una cualquiera de las familias hubiera llevado a la comunidad al desastre.
Por supuesto, la gran mayoría de los árboles plantados se echaba a perder por mil variadas razones, y sólo un pequeño porcentaje llegaba a crecer totalmente, pero eran tantos y tantos los que plantaban que conseguían mantener el tamaño de su bosque protector, a pesar de las grandes tormentas y de las crueles talas de los malvados.
Pero entonces, ocurrió una desgracia. Una de aquellas familias se extinguió por falta de descendientes, y su zona del bosque comenzó a perder más árboles. No había nada que hacer, la tragedia era inevitable, y en el pueblo se prepararon para emigrar después de tantos siglos.
Sin embargo, uno de los jóvenes se negó a abandonar la aldea. “No me marcharé”, dijo, “si hace falta fundaré una nueva familia que se haga cargo de esa zona, y yo mismo me dedicaré a ella desde el primer día”.
Todos sabían que nadie era capaz de mantener por sí mismo una de aquellas zonas replantadas y, como el bosque tardaría algún tiempo en despoblarse, aceptaron la propuesta del joven. Pero al hacerlo, aceptaron la revolución más grande jamás vivida en el pueblo.
Aquel joven, muy querido por todos, no tardó en encontrar manos que lo ayudaran a replantar. Pero todas aquellas manos salían de otras zonas, y pronto la suya no fue la única zona en la que había necesidad de más árboles. Aquellas nuevas zonas recibieron ayuda de otras familias y en poco tiempo ya nadie sabía quién debía cuidar una zona u otra: simplemente, se dedicaban a plantar allí donde hiciera falta. Pero hacía falta en tantos sitios, que comenzaron a plantar incluso durante la noche, a pesar del miedo ancestral que sentían hacia los malvados podadores.
Aquellas plantaciones nocturnas terminaron haciendo coincidir a cuidadores con exterminadores, pero sólo para descubrir que aquellos “terribles” seres no eran más que los asustados miembros de una tribu que se escondían en las laberínticas cuevas de los acantilados durante el día, y acudían a la superficie durante la noche para obtener un poco de leña y comida con la que apenas sobrevivir. Y en cuanto alguno de estos “seres” conocía las bondades de vivir en un poblado en la superficie, y de tener agua y comida, y de saber plantar árboles, suplicaba ser aceptado en la aldea.
Con cada nuevo “nocturno”, el poblado ganaba manos para plantar, y perdía brazos para talar. Pronto, el pueblo se llenó de agradecidos “nocturnos” que se mezclaban sin miedo entre las antiguas familias, hasta el punto de hacerse indinstinguibles. Y tanta era su influencia, que el bosque comenzó a crecer. Día tras día, año tras año, de forma casi imperceptible, el bosque se hacía más y más grande, aumentando la superficie que protegía, hasta que finalmente las sucesivas generaciones de aquel pueblo pudieron vivir allá donde quisieron, en cualquier lugar de la comarca. Y jamás hubieran sabido que tiempo atrás, su origen estaba en un pequeño pueblo protegido por unos pocos árboles a punto de desaparecer.

El pajarillo de piedra

Hubo una vez un pájaro de piedra. Era una criatura bella y mágica que vivía a la entrada de un precioso bosque entre dos montañas. Aunque era tan pesado que se veía obligado a caminar sobre el suelo, el pajarillo disfrutaba de sus árboles día tras día, soñando con poder llegar a volar y saborear aquel tranquilo y bello paisaje desde las alturas.
Pero todo aquello desapareció con el gran incendio. Los árboles quedaron reducidos a troncos y cenizas, y cuantos animales y plantas vivían allí desaparecieron. El pajarillo de piedra fue el único capaz de resistir el fuego, pero cuando todo hubo acabado y vio aquel desolador paisaje, la pena y la tristeza se adueñaron de su espíritu de tal modo que no pudo dejar de llorar.
Lloró y lloró durante horas y días, y con tanto sentimiento, que las lágrimas fueron consumiendo su piedra, y todo él desapareció para quedar convertido en un charquito de agua.
Pero con la salida del sol, el agua de aquellas lágrimas se evaporó y subió al cielo, transformando al triste pajarillo de piedra en una pequeña y feliz nubecita capaz de sobrevolar los árboles.
Desde entonces la nube pasea por el cielo disfrutando de todos los bosques de la tierra, y recordando lo que aquel incendio provocó en su querido hogar, acude siempre atenta con su lluvia allá donde algún árbol esté ardiendo.

domingo, 3 de abril de 2011

Leyenda Griega del Luna y el Sol



Hace muchísimos años, en un lejano país, Sol y Luna eran un hombre y una mujer muy enamorados .  

Afrodita, la diosa de la belleza y el amor, sintió celos que una pareja de mortales pudiese sentir tan gran amor.

Entonces decidió demostrar que el amor de dichos humanos no era tan grande, para lo cual bajo del Olimpo, y se presento frente al muchacho, intentando enamorar a Sol.
Pero ante la sorpresa de Afrodita, el mozo, puesto en pie le dijo:
- Mi señora sé que sin duda usted ha de ser la mujer más bella que existe, y su dulzura mayor que la de cualquier ser mundanal. Pero mi corazón solo es de Luna, mi amada mujer.
Afrodita indignada al no poder enamorar al hombre y darse cuenta que su amor superaba incluso a los dioses, ordenó  separarles para siempre. Y así mandó  a Sol  a que sólo saliera de día y a Luna de noche de esta manera nunca se encontrarían y ese amor se agotaría.
Sin embargo, dicho amor nunca se terminó porque  llegó la bendición de Zeus, el cual no pudiendo deshacer la orden de Afrodita, le dio una posibilidad, y le dijo al hombre que cuando quisiere ver a su amada debía esforzarse al máximo y entonces podría ver el borde del rostro de su amada.
Por eso cuando la temperatura es alta, es porque el sol brilla con toda su intensidad. Entonces se puede ver la silueta de la luna en horizonte.

Y no es otra cosa que el Sol que quiere mirar desde lejos a su amada Luna

La luna roja

Había una vez un pequeño planeta muy triste y gris. Sus habitantes no lo habían cuidado, y aunque tenían todos los inventos y naves espaciales del mundo, habían tirado tantas basuras y suciedad en el campo, que lo contaminaron todo, y ya no quedaban ni plantas ni animales.
Un día, caminando por su planeta, un niño encontró una pequeña flor roja en una cueva. Estaba muy enferma, a punto de morir, así que con mucho cuidado la recogió con su tierra y empezó a buscar un lugar donde pudiera cuidarla. Buscó y buscó por todo el planeta, pero estaba tan contaminado que no podría sobrevivir en ningún lugar. Entonces miró al cielo y vio la luna, y pensó que aquel sería un buen lugar para cuidar la planta.
Así que el niño se puso su traje de astronauta, subió a una nave espacial, y huyó con la planta hasta la luna. Lejos de tanta suciedad, la flor creció con los cuidados del niño, que la visitaba todos los días. Y tanto y tan bien la cuidó, que poco después germinaron más flores, y esas flores dieron lugar a otras, y en poco tiempo la luna entera estaba cubierta de flores.
Por eso de cuando en cuando, cuando las flores del niño se abren, durante algunos minutos la luna se tiñe de un rojo suave, y así nos recuerda que si no cuidamos la Tierra, llegará un día en que sólo haya flores en la luna.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad

Una Navidad en el bosque

Érase una vez un bonito pueblo en medio de un frondoso y colorido bosque habitado por unos alegres animales. Cada año, con la caída de las primeras nieves y la llegada de las estrellas de luz, se reunían en torno al Gran Árbol para preparar la Navidad y conocer una de las noticias más esperadas de la temporada. Todas las actividades que realizaban en aquella época tenían como objetivo la convivencia, el fomento de la amistad y la diversión. El concurso de cocina navideña, organizado por la Señora Ardilla, hacía las delicias de los más comilones, pues los platos presentados eran degustados al finalizar la competición. Los más pequeños participaban en la tradicional Carrera de Hielo, que tenía lugar en el lago helado y acudían cada tarde a los ensayos de la Señorita Ciervo, encargada del coro que alegraba con sus villancicos todos los rincones del bosque. Y, por supuesto, estaba lo mejor noche de todas: la Nochebuena, en la que se representaba una obra de teatro que tenía como tema central la amistad. El Señor Búho, como director de la escuela de teatro, seleccionaba una pieza de entre todas las que enviaban los animales aspirantes a ser los elegidos para llenar de paz los corazones de los habitantes del bosque, pero ese año:

- Bienvenidos todos a la reunión preparatoria de la Navidad- dijo el Señor Búho posado en la rama más robusta del Gran Árbol- Este año, la elección de la obra ha estado muy reñida porque todas las propuestas eran de gran calidad, pero había que elegir un ganador. Así que sin más demora demos un aplauso al Sr. Conejo, autor de la obra ganadora 'Salvemos el bosque'
- Gracias, gracias, es un honor para mí- exclamaba Conejo entre aplausos.
- Bien, pues ya sabéis que mañana a las diez daremos comienzo a las pruebas de selección. Rogamos puntualidad a los interesados, concluyó el Sr. Búho.

Al día siguiente, a la hora convenida, comenzó la selección. Al ser un musical, las pruebas se centraron en las habilidades de canto y baile, pues eran requisitos imprescindibles. La obra contaba la trama de un guardabosque que debía salvar la flora de un malvado leñador, obsesionado con cortar un Árbol milenario y arrasar todo lo que se pusiera en su camino. En su lucha por preservar el entorno natural, el guardabosque contaba la inestimable ayuda de un girasol y de un lirio que ponían su astucia al servicio de la noble causa. Tras varias horas, los papeles quedaron repartidos de la siguiente manera: el Sr. Oso haría de guardabosques, Castor sería el vil leñador, la Sra. Pata representaría al girasol, y la Sra. Lince, al lirio.
Al principio todo marchaba estupendamente, los actores estaban contentos con sus papeles y trabajaban duro para perfeccionar sus actuaciones, hasta que hizo su aparición el peor de los fantasmas: la envidia.
- Sr. Conejo, creo que Castor tendría que tener un poco más de protagonismo. El leñador está lleno de matices y podríamos crear unos espectaculares efectos especiales que dejarían al público boquiabierto- dijo el Sr. Búho en uno de los ensayos.
-Sí, puede que tengas razón y deba retocar el texto para darle más peso a Castor. Podemos hacer un juego de luces y sombras cada vez que aparezca y realzar su papel.
Ante estas palabras Castor se puso muy contento, pues estaba muy ilusionado con la obra, pero Oso no lo vio con los mismos ojos. Si a Castor le daban más protagonismo, eso significaba que él dejaría de ser el protagonista absoluto, y eso no le gustó nada. El ensayo del día siguiente fue un caos. En lugar de avanzar, daban pasos hacia atrás. Oso no colaboraba y Castor, que se había dado cuenta de lo que estaba pasando, estuvo muy arisco. Por si fuera poco, el vestuario también había sido fuente de conflictos entre las chicas. La Sra. Pata consideraba que el vestido de la Sra. Lince era más llamativo y que debían haberlo echado a suertes. La tensión en el escenario se podía cortar y el desastre no se hizo esperar, y durante el ensayo de la escena final, que reunía a todos los actores en el escenario para interpretar el número final comenzaron a empujarse unos a otros con tal brío que parte del decorado se rompió.
- Orden, orden, pero bueno ¿qué pasa? -preguntó Conejo encolerizado. Habéis echado a perder el trabajo de varios días y de todos los que han colaborado en la puesta en escena. Quedan sólo dos días para Nochebuena, pero si tuviéramos más tiempo os echaría a todos de la obra. Se acabó el ensayo por hoy.
Conejo estaba rabioso, no entendía nada. Pero ¿cómo podían pelearse por una cosa así?
Al día siguiente los habitantes se despertaron siendo testigos de un acontecimiento terrible: la nieve había desaparecido y las estrellas de luz se habían apagado. ¿Cómo era posible? Asustados, los animales se congregaron alrededor del Gran Árbol, en busca del sabio consejo del Sr. Búho.
- Queridos habitantes del bosque, el espíritu de la Navidad se ha ido- sentenció Búho.
- ¿Y cómo podemos hacer que vuelva? -preguntó asustada la Sra. Ardilla.
- Nos vamos a quedar sin Navidad-se oyó decir a un lobezno.
- Hoy es un día muy triste. La envidia ha desatado unas reacciones negativas en cadena. La nieve se ha derretido, las estrellas han dejado de lucir y la obra de teatro peligra.
Oso estaba escuchando tras un arbusto y tenía miedo a salir porque sabía que era el desencadenante de la situación, pero había que ser valiente y afrontar las consecuencias de los propios actos, así que se decidió a salir.
- Lo siento mucho. Si hay algún culpable, ése soy yo. Me cegó la envidia. ¿Qué puedo hacer para enmendar mi error?
- No, no tienes por qué cargar con las culpas tú sólo, yo también he contribuido con mi mal comportamiento. Si sirve de algo yo también lo siento,-se lamentó Castor.
- Si te hace ilusión, te cambio el vestido, me importa más tu amistad que un trozo de tela-exclamó la Sra. Lince dándole un abrazo a la Sra. Pata.
- Mirad, ¡está nevando! -gritó con entusiasmo una voz.
- Sí y parece que en el cielo brillan de nuevo las estrellas. ¡El espíritu de la Navidad ha vuelto!-se oyó.
Ese año, la Navidad se vivió con mucha intensidad en el bosque, al fin y al cabo estuvieron a punto de perderla para siempre. Habían aprendido la lección y ahora sabían que la envidia cegaba y tenía unos efectos muy negativos que no se podían controlar. Así que para que no se les olvidara nunca construyeron una gran placa de madera que colgaron del Gran Árbol. En ella se podía leer la siguiente inscripción:"El tesoro más valioso que posees es la amistad, cuídalo todos los días y crecerá".