jueves, 19 de abril de 2012

Alí Babá y l@s 40 ladron@s

Alí babá era honesto y humilde; tenía una buena mujer: Luz de la noche. Su hermano Kassim era deshonesto y malvado. Un día que estaba en el bosque oyó un ruido atronador.
Asustado trepó a un árbol, viendo 40 jinetes cabalgando, cada uno con una bolsa llena de oro. ¡Eran ladrones! Y al llegar frente a una gran roca, el jefe gritó: “¡Ábrete sésamo!”. Se oyó un trueno y la roca se abrió como por encanto. ¡Increíble!
Los ladrones entraron y ya dentro, el jefe gritó: “¡Ciérrate sésamo!”. Y la roca se cerró. Era su guarida. Al rato salieron, la roca se cerró y los ladrones se alejaron a todo galope. Alí 8abá bajó del árbol y, frente a la roca, gritó: “¡Ábrete sésamo!”, Y se abrió. Raudo entró, hallando un fabuloso tesoro. “¡Ciérrate sésamo!”Dijo, recogiendo una gran cantidad de monedas y rubíes; asegurando su vida por mucho tiempo. Ya en casa su mujer saltó de alegría, acordando guardar el peligroso secreto. Iban a pesar el oro, teniendo la mala idea de pedir la balanza a Kassim. La mujer de éste sospechó y se lo dijo a su marido, quien obligó a Alí 8abá a contárselo todo. Kassim corrió a la cueva y, luego de gritar los «sésamos» ingresó a ella, estando muchas horas recolectando su propio tesoro.

Pero, al querer salir, olvidó las palabras mágicas; siendo sorprendido por los ladrones, que no dudaron en matarlo. Alí Babá lloró al ver a Kassim muerto. Lo llevó al pueblo para sepultarlo, pagándole al enterrador para que no dijera nada. Al volver, los ladrones repararon que el cadáver ya no estaba, por lo que decidieron buscar a Alí Babá. Uno de ellos amenazó al enterrador, quien prometió llevarlo a la casa de este. Para ubicar el lugar marcó la puerta con ceniza. Pero Luz de la noche, que lo había visto, pintó todas las casas del vecindario.

Burlado, el jefe montó en cólera, matando al torpe ladrón. El mismo jefe halló la casa y trazó su plan. Entraría como falso vendedor de aceite, con 38 tinajas: allí irían sus ladrones.

La noche fijada llegó a casa de Alí Babá pidiendo posada. Alí aceptó. Cuando todos dormían Luz de la noche despertó: - Necesito aceite para tres lámparas, -pensó- veré en las tinajas.

Tomó un pesado cucharón, abrió la primera tinaja y un ladrón asomó. Ella le dio un cucharonazo. Así pasó con los otros. Furiosa despertó al jefe, a quien también le hizo lo mismo.

Alí Babá llegó asustado. Se había salvado gracias a Luz de la noche. A partir de entonces, fueron felices toda la vida.
 Fin

Actividades:
____Cuaderno digital.
____Colorea a Alí Babá
____Colorea a un ladrón.

domingo, 15 de abril de 2012

Pon a prueba tus conocimientos

¿Te atreves a poner a prueba tus conocimientos sobre los verbos?
¿Eres capaz de realizar un test que te permita comprobar cuánto sabes?


Haz click aquí para realizar el test

jueves, 12 de abril de 2012

JUAN Y LAS HABAS MÁGICAS

Érase una vez una viuda que vivía en una casita en el campo con su hijo Juan. Eran muy pobres y su trabajo consistía en vender la leche y la mantequilla que les daba una vaca llamada Linda. Pero hubo un día que Linda no tenía más leche.
    - Tendremos que venderla para sacar un poco de dinero, y poder comprar algo de comida – dijo la madre.
    - Yo venderé la vaca a un buen precio – dijo Juan.
    Al día siguiente, Juan se llevó a Linda para venderla en el pueblo, y se cruzó en el camino con un extraño viejecito que le habló así:

    - Buenos días, joven. ¿Me equivoco o vas a vender esa hermosa vaca?.
    - No se equivoca, buen hombre – contestó Juan.
    - Yo quiero comprarla y, además, te daré cinco judías mágicas. Si las plantas por la noche, al día siguiente habrán crecido tanto que llegarán hasta el cielo.
    A Juan le encantó la idea, de modo que cambió la vaca por las judías y se fue a su casa.
    - Mira mamá, he traído unas judías mágicas que he cambiado por la vaca.
    - Pero ¿qué has hecho? ¡Cómo van a ser mágicas! Ya estás con tus fantasías.
    Y, enfadada, la madre de Juan tiró las judías por la ventana.
    Cuando despertó al día siguiente vio algo maravilloso: las judías eran mágicas de verdad y una de ellas había crecido hasta perderse en las nubes. Juan subió y subió por la judía hasta encontrarse en un país extraño. Echó a andar y poco después le salió al paso una dama muy hermosa que le preguntó por su madre y le dijo:
- Soy un hada y fui madrina de tu padre quien era un hombre excelente con mucho dinero. Un mal amigo, un gigante, le robó todos sus bienes. Yo no pude ayudarle, pero te voy a ayudar a ti a recuperar lo que era vuestro. Él vive cerca de aquí, sigue por este camino y cuando llegues a su casa actúa con cuidado.
El hada desapareció y Juan siguió andando. Un camino  le llevó a una casa en la que había una señora.
    - Amable señora, ¿ podría darme algo de comer?.
    - ¡ Tienes que marcharte porque aquí vive un ogro que se come a los niños como tú!.
    - Bueno, pues me arriesgaré – dijo Juan -. Me gustaría verlo.
    Y la mujer le preparó una tostada con mermelada y mantequilla, un vaso de leche y un pastel.
    De pronto, el suelo retumbó: ¡PLAM, PLAM, PLAM!.
    - ¡Es mi marido, rápido, escóndete en el radiador!.
    - ¿Aún no está listo mi desayuno, mujer? – gritó el ogro -. Pero ¿qué es ese olorcillo que me viene a la nariz? ¡Huelo a carne fresca de jovencito!
    - Te confundes, querido – dijo la mujer -. Lo que pasa es que estoy haciendo sopa con los huesos del niño que comiste ayer. Cómete esta comida tan rica.
    Y le puso en la mesa jamones, pollo asado y huevos.
Entonces el ogro se comió la comida y se quedó dormido encima de la mesa dejando una gallina que ponía un huevo de oro cada vez que él se lo mandaba. Esperó el niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó a las ramas de las habichuelas, y descolgándose, tocó el suelo y entró en la cabaña.
La madre se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro, y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió y Juan tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del gigante. Se escondió tras una cortina y pudo observar cómo el dueño del castillo iba contando monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero.
En cuanto se durmió el gigante, salió Juan y, recogiendo el talego de oro, echó a correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo. Sin embargo, llegó un día en que el bolsón de cuero del dinero quedó completamente vacío.
Se trepó Juan por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalándolas hasta llegar a la cima. Entonces vio al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa, dejaba caer una moneda de oro. Cuando el gigante salió de la estancia, cogió el niño la cajita prodigiosa y se la guardó. Desde su escondite vio Juan que el gigante se tumbaba en un sofá, y un arpa, ¡oh maravilla!, tocaba sola una delicada música, sin que mano alguna pulsara sus cuerdas. El gigante, mientras escuchaba aquella melodía, fue cayendo en el sueño poco a poco.
Apenas le vio así, Juan cogió el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada y, al ser tomada por Juan, empezó a gritar:
-Eh, señor amo, despierte usted, ¡que me roban!
Se despertó sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos acusadores:
-Señor amo, ¡que me roban!
Viendo lo que ocurría, el gigante salió en persecución de Juan. Resonaban a espaldas del niño pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas, empezaba a bajar. Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que también el gigante descendía hacia él.
No había tiempo que perder, y así que gritó Juan a su madre, que estaba en casa preparando la comida:
-¡Madre, tráigame el hacha en seguida, que me persigue el gigante!
Acudió la madre con el hacha, y Juan, de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Juan y su madre vivieron felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro.
                                                                                            Hans Christian Andersen
                                                              

                                                                              

LAS HABICHUELAS MÁGICAS

Juan vivía con su madre en el campo. Un día, mientras Juan paseaba, se encontró un paquetito debajo de un árbol. Miró dentro del paquetito y vio que en él sólo había unas pequeñas semillas redondas; entonces, Juan se guardó las semillas en el bolsillo y se fue muy contento a su casa.

Juan plantó las semillas en el jardín de su casa y se fue a la cama porque estaba muy cansado. A la mañana siguiente, Juan descubrió que, de las semillas, habían crecido raíces y tallos tan largos que se perdían en las nubes. Juan trepó por uno de los tallos y al llegar arriba, vio un castillo.

Juan se acercó al castillo y entró con mucho cuidado. Dentro del castillo, sentado en un sillón, vio a un gigante que roncaba sin parar, con un montón de monedas de oro a sus pies.

Juan se acercó al gigante de puntillas y se llenó los bolsillos de monedas. Pero, de pronto, él gigante despertó y, dando un rugido, intentó atrapar a Juan.

Juan corrió hasta el tallo de las habichuelas mágicas, descendió por la planta y, cuando llegó al suelo, con un hacha cortó el tallo para que el gigante no pudiera bajar.

Juan y su madre vivieron muy felices desde entonces con las monedas de oro del gigante.

                                                                                                                                 HERMANOS GRIMM

viernes, 6 de abril de 2012

Leyenda sobre la fundación de Roma

Mucho tiempo antes de que naciera Jesús en Belén, había en Italia un rey llamado Numitor. El hermano de este rey se rebeló contra él y le destronó. Luego cogió Caricatura Rómulo y Remoa sus dos hijos recién nacidos, los depositó en un cestillo y los dejó en el río Tiber. La corriente llevó el cestillo al bosque, donde quedó enganchado entre unas ramas. Acertó a pasar por allí cerca una loba, y al oír los lloros de los niños se acercó.
- ¡Pobrecitos, qué crueles son los hombres!
Y llena de compasión, cogió a los pequeños entre los dientes y los llevó a su cueva.
Los dos niños, cuidados por la loba, se iban haciendo fuertes y atrevidos …, hasta que un día, los encontró un pastor. Los llevó a su cabaña y se los entregó a su mujer, para que los cuidase.romulo_remo01
Cuando la mujer vio a los niños, dijo a su marido:
- ¡Pero si estos niños son los hijos de nuestro antiguo señor, el rey Numitor!
Y, como había sido un rey muy querido, la mujer cuidó a los niños con mucho gusto.
Cuando fueron mayores, les contó el pastor quiénes eran sus padres y la maldad del rey. Ellos, entonces, reunieron un ejército y le declararon la guerra. Le vencieron en seguida y desde entonces, Rómulo y Remo fueron los reyes de esa región, llamada Lascio.
Pero entonces quisieron hacer entre los dos una ciudad donde habían sido encontrados por la loba a la que llamaron Roma (significa río). Rómulo eligió una de las siete colinas que dominaban el sitio y con un arado trazó un surco circular (sagrado según los ritos), el pomerium, a cuya vera, más tarde, se construiría la primera muralla, pero luego esa ciudad se hizo más grande y ocupó otras seis colinas cercanas. Por eso se llamó a Roma la ciudad de las siete colinas.

jueves, 29 de marzo de 2012

Los Verbos

Actividad 1: Los verbos

_____Desde la página principal te aparecerán varios juegos. Cualquiera de ellos te puede ayudar a repasar los verbos que hemos estado estudiando en lengua. No juguéis a la actividad "Escoge el tiempo del verbo (completo)" porque hay ideas que todavía no las hemos visto en 4º.


Actividad 2:

_____Repasa todos los conceptos relacionados con los verbos desde el principio


Actividad 3:

_____Por si quieres jugar con toda tu familia al famoso juego del 50x15.


Actividad de refuerzo:

_____Por si nos está costando más trabajito esto de los tiempos verbales... Haz clic en "pequeño taller" para ver las actividades.

lunes, 26 de marzo de 2012

¿Quieres ser millonario? (Verbos)

¿Recuerdas este juego? ¿Quieres ganar 50.000.000 euros virtuales por contestar solo 15 preguntas sobre verbos? Pues entra aquí y demuestra de lo que eres capaz... eso sí! Si consigues algún premio no olvides invitar a tus maestr@s.
Si necesitas ayuda, puedes utilizar los comodines que había en el programa de la tele: el 50%, la llamada o el comodín del público.

domingo, 1 de mayo de 2011

El pequeño bosque junto al mar

Había una vez un pequeño poblado separado del mar y sus grandes acantilados por un bosque. Aquel bosque era la mejor defensa del pueblo contra las tormentas y las furias del mar, tan feroces en toda la comarca, que sólo allí era posible vivir. Pero el bosque estaba constantemente en peligro, pues un pequeño grupo de seres malvados acudía cada noche a talar algunos de aquellos fuertes árboles. Los habitantes del poblado nada podían hacer para impedir aquella tala, así que se veían obligados a plantar constantemente nuevos árboles que pudieran sustituir a los que habían sido cortados.
Durante generaciones aquella fue la vida de los plantadores de árboles. Los padres enseñaban a los hijos y éstos, desde muy pequeños, dedicaban cada rato de tiempo libre a plantar nuevos árboles. Cada familia era responsable de repoblar una zona señalada desde tiempo inmemorial, y el fallo de una cualquiera de las familias hubiera llevado a la comunidad al desastre.
Por supuesto, la gran mayoría de los árboles plantados se echaba a perder por mil variadas razones, y sólo un pequeño porcentaje llegaba a crecer totalmente, pero eran tantos y tantos los que plantaban que conseguían mantener el tamaño de su bosque protector, a pesar de las grandes tormentas y de las crueles talas de los malvados.
Pero entonces, ocurrió una desgracia. Una de aquellas familias se extinguió por falta de descendientes, y su zona del bosque comenzó a perder más árboles. No había nada que hacer, la tragedia era inevitable, y en el pueblo se prepararon para emigrar después de tantos siglos.
Sin embargo, uno de los jóvenes se negó a abandonar la aldea. “No me marcharé”, dijo, “si hace falta fundaré una nueva familia que se haga cargo de esa zona, y yo mismo me dedicaré a ella desde el primer día”.
Todos sabían que nadie era capaz de mantener por sí mismo una de aquellas zonas replantadas y, como el bosque tardaría algún tiempo en despoblarse, aceptaron la propuesta del joven. Pero al hacerlo, aceptaron la revolución más grande jamás vivida en el pueblo.
Aquel joven, muy querido por todos, no tardó en encontrar manos que lo ayudaran a replantar. Pero todas aquellas manos salían de otras zonas, y pronto la suya no fue la única zona en la que había necesidad de más árboles. Aquellas nuevas zonas recibieron ayuda de otras familias y en poco tiempo ya nadie sabía quién debía cuidar una zona u otra: simplemente, se dedicaban a plantar allí donde hiciera falta. Pero hacía falta en tantos sitios, que comenzaron a plantar incluso durante la noche, a pesar del miedo ancestral que sentían hacia los malvados podadores.
Aquellas plantaciones nocturnas terminaron haciendo coincidir a cuidadores con exterminadores, pero sólo para descubrir que aquellos “terribles” seres no eran más que los asustados miembros de una tribu que se escondían en las laberínticas cuevas de los acantilados durante el día, y acudían a la superficie durante la noche para obtener un poco de leña y comida con la que apenas sobrevivir. Y en cuanto alguno de estos “seres” conocía las bondades de vivir en un poblado en la superficie, y de tener agua y comida, y de saber plantar árboles, suplicaba ser aceptado en la aldea.
Con cada nuevo “nocturno”, el poblado ganaba manos para plantar, y perdía brazos para talar. Pronto, el pueblo se llenó de agradecidos “nocturnos” que se mezclaban sin miedo entre las antiguas familias, hasta el punto de hacerse indinstinguibles. Y tanta era su influencia, que el bosque comenzó a crecer. Día tras día, año tras año, de forma casi imperceptible, el bosque se hacía más y más grande, aumentando la superficie que protegía, hasta que finalmente las sucesivas generaciones de aquel pueblo pudieron vivir allá donde quisieron, en cualquier lugar de la comarca. Y jamás hubieran sabido que tiempo atrás, su origen estaba en un pequeño pueblo protegido por unos pocos árboles a punto de desaparecer.

El pajarillo de piedra

Hubo una vez un pájaro de piedra. Era una criatura bella y mágica que vivía a la entrada de un precioso bosque entre dos montañas. Aunque era tan pesado que se veía obligado a caminar sobre el suelo, el pajarillo disfrutaba de sus árboles día tras día, soñando con poder llegar a volar y saborear aquel tranquilo y bello paisaje desde las alturas.
Pero todo aquello desapareció con el gran incendio. Los árboles quedaron reducidos a troncos y cenizas, y cuantos animales y plantas vivían allí desaparecieron. El pajarillo de piedra fue el único capaz de resistir el fuego, pero cuando todo hubo acabado y vio aquel desolador paisaje, la pena y la tristeza se adueñaron de su espíritu de tal modo que no pudo dejar de llorar.
Lloró y lloró durante horas y días, y con tanto sentimiento, que las lágrimas fueron consumiendo su piedra, y todo él desapareció para quedar convertido en un charquito de agua.
Pero con la salida del sol, el agua de aquellas lágrimas se evaporó y subió al cielo, transformando al triste pajarillo de piedra en una pequeña y feliz nubecita capaz de sobrevolar los árboles.
Desde entonces la nube pasea por el cielo disfrutando de todos los bosques de la tierra, y recordando lo que aquel incendio provocó en su querido hogar, acude siempre atenta con su lluvia allá donde algún árbol esté ardiendo.

domingo, 3 de abril de 2011

Leyenda Griega del Luna y el Sol



Hace muchísimos años, en un lejano país, Sol y Luna eran un hombre y una mujer muy enamorados .  

Afrodita, la diosa de la belleza y el amor, sintió celos que una pareja de mortales pudiese sentir tan gran amor.

Entonces decidió demostrar que el amor de dichos humanos no era tan grande, para lo cual bajo del Olimpo, y se presento frente al muchacho, intentando enamorar a Sol.
Pero ante la sorpresa de Afrodita, el mozo, puesto en pie le dijo:
- Mi señora sé que sin duda usted ha de ser la mujer más bella que existe, y su dulzura mayor que la de cualquier ser mundanal. Pero mi corazón solo es de Luna, mi amada mujer.
Afrodita indignada al no poder enamorar al hombre y darse cuenta que su amor superaba incluso a los dioses, ordenó  separarles para siempre. Y así mandó  a Sol  a que sólo saliera de día y a Luna de noche de esta manera nunca se encontrarían y ese amor se agotaría.
Sin embargo, dicho amor nunca se terminó porque  llegó la bendición de Zeus, el cual no pudiendo deshacer la orden de Afrodita, le dio una posibilidad, y le dijo al hombre que cuando quisiere ver a su amada debía esforzarse al máximo y entonces podría ver el borde del rostro de su amada.
Por eso cuando la temperatura es alta, es porque el sol brilla con toda su intensidad. Entonces se puede ver la silueta de la luna en horizonte.

Y no es otra cosa que el Sol que quiere mirar desde lejos a su amada Luna

La luna roja

Había una vez un pequeño planeta muy triste y gris. Sus habitantes no lo habían cuidado, y aunque tenían todos los inventos y naves espaciales del mundo, habían tirado tantas basuras y suciedad en el campo, que lo contaminaron todo, y ya no quedaban ni plantas ni animales.
Un día, caminando por su planeta, un niño encontró una pequeña flor roja en una cueva. Estaba muy enferma, a punto de morir, así que con mucho cuidado la recogió con su tierra y empezó a buscar un lugar donde pudiera cuidarla. Buscó y buscó por todo el planeta, pero estaba tan contaminado que no podría sobrevivir en ningún lugar. Entonces miró al cielo y vio la luna, y pensó que aquel sería un buen lugar para cuidar la planta.
Así que el niño se puso su traje de astronauta, subió a una nave espacial, y huyó con la planta hasta la luna. Lejos de tanta suciedad, la flor creció con los cuidados del niño, que la visitaba todos los días. Y tanto y tan bien la cuidó, que poco después germinaron más flores, y esas flores dieron lugar a otras, y en poco tiempo la luna entera estaba cubierta de flores.
Por eso de cuando en cuando, cuando las flores del niño se abren, durante algunos minutos la luna se tiñe de un rojo suave, y así nos recuerda que si no cuidamos la Tierra, llegará un día en que sólo haya flores en la luna.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad

Una Navidad en el bosque

Érase una vez un bonito pueblo en medio de un frondoso y colorido bosque habitado por unos alegres animales. Cada año, con la caída de las primeras nieves y la llegada de las estrellas de luz, se reunían en torno al Gran Árbol para preparar la Navidad y conocer una de las noticias más esperadas de la temporada. Todas las actividades que realizaban en aquella época tenían como objetivo la convivencia, el fomento de la amistad y la diversión. El concurso de cocina navideña, organizado por la Señora Ardilla, hacía las delicias de los más comilones, pues los platos presentados eran degustados al finalizar la competición. Los más pequeños participaban en la tradicional Carrera de Hielo, que tenía lugar en el lago helado y acudían cada tarde a los ensayos de la Señorita Ciervo, encargada del coro que alegraba con sus villancicos todos los rincones del bosque. Y, por supuesto, estaba lo mejor noche de todas: la Nochebuena, en la que se representaba una obra de teatro que tenía como tema central la amistad. El Señor Búho, como director de la escuela de teatro, seleccionaba una pieza de entre todas las que enviaban los animales aspirantes a ser los elegidos para llenar de paz los corazones de los habitantes del bosque, pero ese año:

- Bienvenidos todos a la reunión preparatoria de la Navidad- dijo el Señor Búho posado en la rama más robusta del Gran Árbol- Este año, la elección de la obra ha estado muy reñida porque todas las propuestas eran de gran calidad, pero había que elegir un ganador. Así que sin más demora demos un aplauso al Sr. Conejo, autor de la obra ganadora 'Salvemos el bosque'
- Gracias, gracias, es un honor para mí- exclamaba Conejo entre aplausos.
- Bien, pues ya sabéis que mañana a las diez daremos comienzo a las pruebas de selección. Rogamos puntualidad a los interesados, concluyó el Sr. Búho.

Al día siguiente, a la hora convenida, comenzó la selección. Al ser un musical, las pruebas se centraron en las habilidades de canto y baile, pues eran requisitos imprescindibles. La obra contaba la trama de un guardabosque que debía salvar la flora de un malvado leñador, obsesionado con cortar un Árbol milenario y arrasar todo lo que se pusiera en su camino. En su lucha por preservar el entorno natural, el guardabosque contaba la inestimable ayuda de un girasol y de un lirio que ponían su astucia al servicio de la noble causa. Tras varias horas, los papeles quedaron repartidos de la siguiente manera: el Sr. Oso haría de guardabosques, Castor sería el vil leñador, la Sra. Pata representaría al girasol, y la Sra. Lince, al lirio.
Al principio todo marchaba estupendamente, los actores estaban contentos con sus papeles y trabajaban duro para perfeccionar sus actuaciones, hasta que hizo su aparición el peor de los fantasmas: la envidia.
- Sr. Conejo, creo que Castor tendría que tener un poco más de protagonismo. El leñador está lleno de matices y podríamos crear unos espectaculares efectos especiales que dejarían al público boquiabierto- dijo el Sr. Búho en uno de los ensayos.
-Sí, puede que tengas razón y deba retocar el texto para darle más peso a Castor. Podemos hacer un juego de luces y sombras cada vez que aparezca y realzar su papel.
Ante estas palabras Castor se puso muy contento, pues estaba muy ilusionado con la obra, pero Oso no lo vio con los mismos ojos. Si a Castor le daban más protagonismo, eso significaba que él dejaría de ser el protagonista absoluto, y eso no le gustó nada. El ensayo del día siguiente fue un caos. En lugar de avanzar, daban pasos hacia atrás. Oso no colaboraba y Castor, que se había dado cuenta de lo que estaba pasando, estuvo muy arisco. Por si fuera poco, el vestuario también había sido fuente de conflictos entre las chicas. La Sra. Pata consideraba que el vestido de la Sra. Lince era más llamativo y que debían haberlo echado a suertes. La tensión en el escenario se podía cortar y el desastre no se hizo esperar, y durante el ensayo de la escena final, que reunía a todos los actores en el escenario para interpretar el número final comenzaron a empujarse unos a otros con tal brío que parte del decorado se rompió.
- Orden, orden, pero bueno ¿qué pasa? -preguntó Conejo encolerizado. Habéis echado a perder el trabajo de varios días y de todos los que han colaborado en la puesta en escena. Quedan sólo dos días para Nochebuena, pero si tuviéramos más tiempo os echaría a todos de la obra. Se acabó el ensayo por hoy.
Conejo estaba rabioso, no entendía nada. Pero ¿cómo podían pelearse por una cosa así?
Al día siguiente los habitantes se despertaron siendo testigos de un acontecimiento terrible: la nieve había desaparecido y las estrellas de luz se habían apagado. ¿Cómo era posible? Asustados, los animales se congregaron alrededor del Gran Árbol, en busca del sabio consejo del Sr. Búho.
- Queridos habitantes del bosque, el espíritu de la Navidad se ha ido- sentenció Búho.
- ¿Y cómo podemos hacer que vuelva? -preguntó asustada la Sra. Ardilla.
- Nos vamos a quedar sin Navidad-se oyó decir a un lobezno.
- Hoy es un día muy triste. La envidia ha desatado unas reacciones negativas en cadena. La nieve se ha derretido, las estrellas han dejado de lucir y la obra de teatro peligra.
Oso estaba escuchando tras un arbusto y tenía miedo a salir porque sabía que era el desencadenante de la situación, pero había que ser valiente y afrontar las consecuencias de los propios actos, así que se decidió a salir.
- Lo siento mucho. Si hay algún culpable, ése soy yo. Me cegó la envidia. ¿Qué puedo hacer para enmendar mi error?
- No, no tienes por qué cargar con las culpas tú sólo, yo también he contribuido con mi mal comportamiento. Si sirve de algo yo también lo siento,-se lamentó Castor.
- Si te hace ilusión, te cambio el vestido, me importa más tu amistad que un trozo de tela-exclamó la Sra. Lince dándole un abrazo a la Sra. Pata.
- Mirad, ¡está nevando! -gritó con entusiasmo una voz.
- Sí y parece que en el cielo brillan de nuevo las estrellas. ¡El espíritu de la Navidad ha vuelto!-se oyó.
Ese año, la Navidad se vivió con mucha intensidad en el bosque, al fin y al cabo estuvieron a punto de perderla para siempre. Habían aprendido la lección y ahora sabían que la envidia cegaba y tenía unos efectos muy negativos que no se podían controlar. Así que para que no se les olvidara nunca construyeron una gran placa de madera que colgaron del Gran Árbol. En ella se podía leer la siguiente inscripción:"El tesoro más valioso que posees es la amistad, cuídalo todos los días y crecerá".